Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II »Realmente se puede ver que, en la mayorÃa de la gente, el alma está encerrada siempre en el cuerpo como en un molino, dando vueltas continuamente alrededor de su necesidad de alimento[688]?. Igual que nos pasaba también a nosotros hace un momento, que ni nos veÃamos ni nos escuchábamos unos a los otros, sino que cada uno, inclinada su cabeza, era esclavo de su necesidad de alimentarse; mas ahora, cuando las mesas han sido retiradas, somos libres, como ves, y, coronados de guirnaldas, pasamos el tiempo conversando, nos relacionamos unos con otros y descansamos, después de que hemos llegado a no necesitar más alimentos. Asà pues, si el estado en que ahora nos Eencontramos, se prolongara sin interrupción a lo largo de toda la vida, ¿acaso no tendrÃamos siempre tiempo para relacionarnos unos con otros, sin temor a la pobreza y sin conocer la riqueza? Efectivamente, el deseo de las cosas superfluas sigue al punto y cohabita con la exigencia por las cosas necesarias. Pero Cleodoro piensa que son necesarios los alimentos para que existan mesas y crateras, y para que podamos hacer sacrificios a Deméter y a Core. En este sentido se podrÃa pedir también que haya batallas y guerras, para que podamos tener fortificaciones, muelles y arsenales, y para que podamos hacer sacrificios para celebrar la muerte de cien enemigos, como se dice que es costumbre entre los mesenios[689]. Otro se irritará, imagino, contra la buena salud. ‘En efecto, será que, porque Fno haya nadie enfermo, no se necesiten ya cobertores o lechos blandos; no haremos sacrificios a Asclepio[690] o a las divinidades tutelares, y la medicina con tantos instrumentos y remedios yacerá sin gloria y despreciada’, ¿o acaso existe alguna diferencia entre estas dos clases de argumentos? En realidad, los alimentos se toman como un remedio del hambre y se dice que todos los que se alimentan se cuidan de sà mismos y siguen un régimen de vida, haciéndolo, no como algo agradable y placentero, sino en la idea 160Ade que eso es una necesidad natural. Es posible, en verdad, enumerar muchas más penas que placeres derivados de la nutrición, más aún, el placer ocupa un lugar muy reducido y permanece poco tiempo en el cuerpo y, en cambio, ¿qué se debe decir de los malestares y dolores con que nos llenan el engorro y la molestia de la digestión? Pienso que Homero, teniendo efectivamente a la vista este tipo de cosas, usaba de este argumento para demostrar que los dioses no morÃan porque no se alimentaban: