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Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Entonces, Gorgo nos contó cómo realizó sacrificios durante tres días. El último día, mientras celebraban un festival nocturno con danzas y juegos junto a la playa y la Fluna brillaba en el mar, no habiendo viento alguno, sino calma y mar tranquilo, desde lejos observaron un encrespamiento del mar, que avanzaba hacia el promontorio, produciendo alguna espuma y mucho ruido con el oleaje, de tal forma que todos corrieron admirados hacia el lugar adonde se dirigía. Antes de poder adivinar lo que se acercaba por su rapidez, se vieron unos delfines, unos agrupados, dando vueltas en derredor, otros iban delante en 161Adirección a la parte más abordable de la playa y otros detrás como si fueran su escolta. Y en medio se levantaba sobre el mar una masa incierta y confusa de un cuerpo que era llevado por los delfines, hasta que ellos, reuniéndose en un mismo sitio y poniéndose juntos en la playa, colocaron sobre la tierra a un hombre que respiraba y se movía, mientras, regresando de nuevo hacia el promontorio, saltaban más alto que antes, jugando y brincando, al parecer, de alegría. «Muchos —continuó Gorgo—, asustados, huyeron de la playa, pero unos pocos, entre los que estaba yo, armándonos de valor, nos acercamos y reconocimos a Arión[697], el citaredo; él mismo pronunció su nombre y lo reconocimos fácilmente por el vestido, pues casualmente llevaba el atuendo ceremonial[698], que él usaba Bcuando cantaba, acompañándose con la cítara[699]. Así pues, después de llevarlo a una tienda, como no le pasaba nada, sino que a causa de la velocidad y del ruido estrepitoso del viaje parecía débil y cansado, escuchamos una historia increíble para todos, excepto para nosotros que habíamos sido testigos de su final: Arión decía que, tiempo atrás, habiendo decidido dejar Italia[700] y habiéndole escrito una carta Periandro, se animó más y, al presentarse en el puerto una nave corintia, subiendo al punto, se hizo a la mar. Tras navegar durante tres días con viento favorable, se dio cuenta de que los marineros estaban tramando su muerte. Después supo también por el piloto, que se lo reveló en Csecreto, que ellos habían decidido llevar a cabo su acción esa noche. Así pues, indefenso como estaba y no sabiendo qué hacer, tuvo una especie de inspiración divina, adornó su cuerpo y se puso a modo de sudario, estando aún vivo, atavíos que solía llevar en los concursos, para cantar a la vida cuando iba a morir y para no ser más vil en esto que los cisnes[701]. Por tanto, cuando estuvo preparado y después de decir que tenía deseos de cantar entera una de sus canciones, la Pítica[702], por su salvación, por la de la nave y por la de los que iban a bordo, tras colocarse junto al costado de la nave, en la popa, y tras hacer un preludio, invocando a los dioses del mar, comenzó a cantar su canción. Cuando todavía no iba por la mitad, se hundió el sol en el mar y apareció el Peloponeso. Entonces, los mariDneros, sin esperar la noche, se decidieron a realizar el crimen. Arión, al ver las espadas desenvainadas y que el piloto se había cubierto ya la cana, tomando impulso, se arrojó al mar lo más lejos posible de la nave. Pero, antes de que todo su cuerpo se sumergiera, unos delfines saltando se lo llevaron, con lo que al principio se llenó de dudas, angustia y turbación. Pero, tras sentir el bienestar del viaje y ver a gran cantidad de delfines agrupados amistosamente a su alrededor, que se iban relevando de forma alternativa como en una misión especial y que a todos interesara, y la nave, dejada atrás, le daba una idea de la velocidad, nos contó que entonces el temor ante la muerte y el deseo Ede vivir ya no eran para él tan grandes como el deseo por salvarse, ya que, si lo lograba, aparecería como un hombre amado de los dioses y se ganaría de parte de los dioses una gloria segura. Al mismo tiempo, viendo el cielo lleno de estrellas y la luna que se levantaba brillante y clara, mientras el mar estaba completamente sin una ola, como un camino que se abría para su marcha, pensó para sus adentros que el ojo de la Justicia[703] no es uno, sino que a través de todos estos ojos la divinidad contempla en todas direcciones lo que sucede en la tierra y en el mar. Con Festos razonamientos, prosiguió contándonos, se iban reponiendo ya el cansancio y el sufrimiento de su cuerpo. Finalmente, cuando, al encontrarse con el promontorio escarpado y elevado, poniendo mucho cuidado, lo doblaron rozándolo y lo depositaron a él en tierra, como si estuvieran conduciendo con toda seguridad una nave al puerto, 162Asintió ya, sin duda alguna, que su rescate había sido realizado bajo la dirección de una divinidad. Después que Arión nos hubo contado estas cosas —dijo Gorgo—, yo le pregunté dónde creía él que arribaría la nave. Él contestó que sin duda en Corinto, pero mucho más tarde. Pues él, después de arrojarse, por la tarde, de la nave, creía que había hecho un recorrido no inferior a quinientos estadios[704] y que, al punto, sobrevino una calma en el mar[705]. Sin embargo —continuó Gorgo—, él, tras informarse del nombre del capitán de la nave, del piloto y de la enseña de la nave, envió naves y soldados para que vigilaran los desembarcaderos; y se llevó con él a Arión, ocultándolo cuidadosaBmente para que aquéllos no huyeran si se enteraban de su salvación. En realidad, el episodio parecía, en efecto, obra de una voluntad divina, pues, además, cuando él llegó allí, se enteró de que, capturada la nave por los soldados, los comerciantes y marineros habían sido apresados».