Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Ciertamente, todas las enfermedades y pasiones del alma son vergonzosas, pero en algunas se encuentra esplendor, sublimidad y exaltación a causa de su poder de elevación, ninguna, podrÃamos decir, es despojada de un impulso emprendedor. Pero también este reproche general es, sin duda, propio de toda pasión, pues, arrancada por fuerza por los impulsos prácticos, apremia y pone en tensión a la razón. Sólo el temor, por estar necesitado tanto Dde audacia como de razón, mantiene su irracionalidad impotente, embarazosa e incapaz. Por este motivo a lo que ata y, a la vez, perturba el alma se ha llamado terror y espanto[758]. Pero, de todos los temores, el más impotente y el más embarazoso es el de la superstición. El que no navega no teme el mar, ni el que no presta servicio militar a la guerra, ni a los bandidos el que se está en casa, ni al falso acusador el pobre, ni a la envidia el ciudadano corriente, ni al terremoto el que está entre los gálatas[759], ni al rayo el que está entre los etÃopes[760]; pero el que teme a los dioses teme a todas las cosas, a la tierra, al mar, al aire, al cielo, a la obscuridad, a la luz, al rumor, al silencio, al sueño. Los esclavos, mientras duermen, se olvidan de sus amos; el sueño aligera las cadenas a los prisioEneros, las inflamaciones en las heridas, las salvajes corrosiones de la carne y los dolores vivos abandonan a los que duermen,