Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II ¡Oh amado hechizo del sueño protector contra la enfermedad,
cuán suave te llegaste a mí cuando lo necesitaba[761]!
La superstición no permite decir esto de ella, pues sola no termina con el sueño ni deja, en verdad, al alma reponerse y reanimarse, apartando de sí las amargas y pesadas opiniones en torno a la divinidad, sino que, como si estuviera en el lugar de tormento de los impíos[762], en el sueño de los supersticiosos, suscitando imágenes escalofriantes, apariciones portentosas y diversos castigos, y confundiendo al alma infeliz, la aparta del sueño con ensueños, fustigándose y castigándose ella misma como lo haría otra perFsona, aceptando órdenes terribles e inauditas. Luego, cuando se despiertan estas personas, no desprecian estos sueños, ni se ríen de ellos, ni se alegran de que nada de lo que les perturbó fuera verdad, sino que, después de huir de la sombra del engaño, que no encerraba mal alguno, en estado de vigilia se engañan a sí mismos, perturban y 166Aagotan, viniendo a dar en hombres charlatanes e impostores[763] que les dicen:
Pero si una visión durante el sueño te causa temor,
y se te mostró el tropel de la infernal Hécate[764],