Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II pues, efectivamente, se llenan de cólera y se irritan, como dicen que se enloquecen, se excitan y, al final, se despedazan a sí mismas las hembras de los tigres, cuando son rodeadas de ruidos de tambores[792]. Ciertamente, el mal es menor para aquéllos a los que a causa de la sordera y el embotamiento de su oído, les sobreviene una indiferencia e insensibilidad hacia la música. Tiresias era desgraciado porque no podía ver a sus hijos ni a sus parientes; pero Atamante y Ágave[793] eran más desgraciados, pues los vieron como leones y ciervos. Y, para el enloquecido Heracles[794], hubiera sido, sin duda, más conveniente no haber visto ni haberse dado cuenta de que sus hijos estaban presentes que tratar como a enemigos a los seres más queridos.