Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Sin duda el mejor remedio contra el dolor es la razón y la preparación, a través de ésta, para todos los cambios de la vida. Pues es necesario que el hombre mismo reconozca no sólo que es mortal en su naturaleza, sino también que está destinado por la suerte a una vida mortal y a unos hechos que cambian con facilidad a lo contra104Ario[104]. En efecto, los cuerpos de los hombres son, en realidad mortales y efímeros[105], y mortales sus fortunas y padecimientos y, en general, todo en su vida, de lo que
no es posible que un mortal pueda
huir ni escapar[106]
en absoluto, sino que
Las profundidades del Tártaro invisible te triturarán con sus necesidades fuertemente forjadas,
como dice Píndaro[107]. De donde se desprende que tenía razón Demetrio Falereo[108], ya que, cuando Eurípides decía:
la felicidad no es estable sino efímera[109],
y que
pueden ser cosas pequeñas las que hagan fracasar y
un solo día derribó a unas cosas desde lo alto y a otras las elevó hacia arriba[110],