Obras Morales y de Costumbres II

Obras Morales y de Costumbres II

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Haciendo uso, muy enfática y hábilmente, de una hipérbole, mostró con claridad la vida de los hombres. Pues, ¿qué hay más débil que una sombra? Y el sueño de ésta nadie hubiera sido capaz de describirlo con tanta agudeza. En este mismo espíritu también Crántor[113], cuando trata de consolar a Hipocles por la muerte de sus hijos, Cdice: «Ciertamente toda esta antigua filosofía dice y recomienda estas cosas, de las cuales si, en verdad, no aceptamos alguna otra cosa, al menos la afirmación de que la vida es muchas veces trabajosa y difícil, es demasiado verdadera». Pues, en efecto, si no posee este carácter por naturaleza, de todos modos por nosotros alcanza ese punto de corrupción. Esta fortuna incierta nos ha acompañado desde hace tiempo, más aún desde un principio y no para algo bueno; y, cuando nacemos, se mezcla con nosotros, en todas las cosas, una porción de mal. Pues las semillas de nuestra vida, puesto que son al punto mortales, participan de esta causalidad por la cual nos sobrevienen desde entonces las deficiencias del alma, “las enfermedades, los cuidados innumerables de los mortales[114]”. ¿Por qué razón nos hemos detenido en estas reflexiones? Para que podamos ver que el ser desgraciado no es para el hombre Duna novedad, sino que todos hemos padecido lo mismo. «Pues la fortuna es descuidada[115] —dice Teofrasto— y es muy hábil para llevarse los frutos de nuestro trabajo y trastornar nuestra aparente felicidad, no teniendo fijado para ello ninguna ocasión[116]». Ya que es fácil a cada uno pensar por sí mismo éstas y otras cosas semejantes y escucharlas de otros hombres antiguos y sabios; el primero de los cuales es el divino Homero, que dice:


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