Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II Se cuenta también que Píndaro mismo, habiendo encargado, a los enviados de los beocios al templo del dios que preguntasen: ¿qué es lo mejor para los hombres?, la sacerdotisa, que transmitía los oráculos, contestó que él mismo lo debía de saber, si es que la historia de Trofonio y Agamedes era suya; pero si él lo quería saber por expeBriencia, en breve tiempo le sería manifiesto. Y, así, Píndaro, al conocer esto, dedujo que se trataba de su muerte y, pasado algún tiempo, murió. Lo que le ocurrió al italiano Eutinoo[173] se dice que fue de la manera siguiente. Era, en efecto, hijo de Elisio de Terina[174], un hombre principal entre los habitantes de la ciudad por su virtud, su riqueza y su reputación, y murió de repente por causa desconocida. Entonces, Elisio sospechó lo que otro cualquiera habría también sospechado, si su hijo no habría muerto quizá envenenado, pues era el único heredero de sus grandes Cposesiones y riquezas. Estando en duda sobre el modo en que podría conseguir pruebas de estas cosas, se llegó a un lugar donde se conjuraba a los muertos[175] y, habiendo realizado un sacrificio como estaba ordenado por la costumbre, se acostó a dormir y tuvo la siguiente visión: le pareció que su padre se le acercaba y, al verlo, le contó la suerte de su hijo y le suplicaba y pedía que le ayudase a descubrir la causa de su muerte. Y que él le dijo: «He venido a eso. Mira, cógele a éste las cosas que trae, pues por ellas sabrás todo aquello por lo que te afliges». Y al que le señaló era un joven que le seguía, parecido a su hijo, de edad y estatura semejantes. Así pues, le preguntó quién era, y él dijo: «Soy el espíritu de tu hijo» y al mismo Dtiempo le ofrecía un papel. Después de desenrollarlo, vio que tenía escritos estos tres versos: