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Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II También conviene volver nuestra mirada hacia aquellos hombres que supieron soportar la muerte de sus hijos con Dnobleza y grandeza de ánimo: Anaxágoras de Clazomenas, Demóstenes el ateniense, Dión de Siracusa, el rey AntÃgono y muchos otros, tanto entre los antiguos como entre los de nuestro tiempo. Pues, entre aquéllos, de Anaxágoras[242], nos cuenta la tradición que mientras estaba hablando de cuestiones de fÃsica y dialogando con sus amigos, al escuchar de uno de los mensajeros venidos a él la muerte de su hijo, deteniéndose un momento, dijo a los presentes: «Yo sabÃa que lo habÃa engendrado mortal». Pericles[243], que por la gran fuerza de su razonamiento y de su inteligencia, fue llamado el OlÃmpico, se enteró de que sus dos Ehijos Páralo y Jantipo habÃan muerto, como dice Protágoras, contándolo de esta forma[244]: «Sus hijos eran jóvenes y hermosos y, aunque murieron en el espacio de ocho dÃas, lo soportó sin llorar, pues continuó conservando la serenidad, a través de la cual dÃa a dÃa su reputación de ser un hombre favorecido por la fortuna e inaccesible al dolor aumentaba, asà como su fama entre el pueblo. En efecto, todo el que veÃa con qué ánimo soportaba él sus penas pensaba que era un hombre magnánimo y valeroso y que se superaba a sà mismo, pues conocÃa muy bien su debilidad en tales circunstancias». Pues Pericles, inmediatamente después de recibir la noticia de la muerte de sus dos Fhijos, coronándose según la costumbre del paÃs y vestido de blanco, arengó con igual fuerza al pueblo, «proponiéndole buenos consejos[245]», animando aún más a los atenienses a la guerra.