Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II pero quizĂĄ, mi queridĂsimo Apolonio, tĂș en respuesta a esto, me dirĂĄs que el joven Apolonio disfrutaba de muy buena suerte y que eras tĂș el que, al dejar esta vida, debĂas recibir de aquĂ©l, llegado a su edad madura, los honores fĂșnebres. En efecto, esto es asĂ segĂșn la naturaleza. Es decir, segĂșn nuestra naturaleza, sĂ segĂșn nuestra natuFraleza humana pero no segĂșn la providencia que lo rige todo y segĂșn el orden del mundo. Pero aquel que estĂĄ ahora entre los bienaventurados, no debĂa segĂșn la naturaleza permanecer mĂĄs allĂĄ del tiempo que le habĂa sido asignado para la vida de aquĂ, sino que, una vez que la habĂa acabado ordenadamente, debĂa emprender el camino hacia su destino, pues ella, dice[252], ya lo llama hacia sĂ. «Pero muriĂł prematuramente». Y, en verdad, por esta razĂłn es mĂĄs feliz y ha escapado a muchos males. EurĂpides dice:
Pues la vida tiene de vida sĂłlo el nombre, cuando es sĂłlo trabajo[253].120A