Obras Morales y de Costumbres II
Obras Morales y de Costumbres II El rey Antígono[250], al enterarse de la muerte de su hijo Alcioneo, acaecida en el campo de batalla, miró con arrogancia a los mensajeros que le habían anunciado la desgracia y, después de esperar un momento, inclinando la cabeza, dijo: «Oh Alcioneo, has perdido la vida más tarde de lo que yo temía, ya que te lanzabas contra los Denemigos tan impetuosamente y sin pensar ni en tu salvación ni en mis consejos». Todo el mundo se maravilla ante estos hombres y los admira, pero no pueden imitarlos en sus obras a causa de su debilidad de espíritu, como resultado de su falta de educación. Pero, aunque hay muchos ejemplos, que nos han sido transmitidos a través de la historia griega y romana, de hombres que se han comportado noble y honorablemente en la muerte de sus parientes, lo que se ha dicho será suficiente para abandonar la aflicción, Eque es la cosa más triste de todas y el trabajo vano, que ella engendra, sin utilidad alguna.
Que los que se distinguen por sus virtudes, porque son amados de los dioses, mueren jóvenes, también lo he mencionado en un pasaje precedente, y ahora intentaré pasar, por ello, lo más brevemente posible, para añadir mi testimonio a aquello que tan bellamente dijo Menandro:
Aquél a quien los dioses aman muere joven[251],