Obras Morales y de Costumbres II

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Por ello, Plutón y los supervisores de las Islas de los Bienaventurados, visitando a Zeus, le decían que a ambos lugares les llegaban hombres que no se los merecían. Entonces Zeus les contesto: ‘Bien —dijo— yo pondré fin a esto que está sucediendo. Ahora los juicios están siendo mal resueltos, porque —dijo— los que son juzgados lo son vestidos, pues son juzgados cuando todavía están vivos. Por ello, muchos, Bquizá —continuó—, que tenían almas perversas, están vestidos con hermosos cuerpos, con nobleza y riquezas, y cuando tiene lugar el juicio, vienen muchos a dar testimonio por ellos de que han vivido rectamente. Por consiguiente los jueces se asustan con estas cosas y, además, ellos mismos juzgan vestidos, pues tienen delante de su alma, como un velo, sus ojos, sus oídos y todo su cuerpo. Todas estas cosas constituyen para ellos un obstáculo, tanto sus vestidos como los de los que son juzgados. Por tanto, en primer lugar, se ha de poner fin a que ellos conozcan de antemano su muerte; pues ahora la conocen de antemano. Por ello se le han dado ya órdenes a Prometeo[263] para que ponga fin a esto. En segundo lugar, ellos han de ser juzgaCdos despojados de todas estas cosas, pues es preciso que sean juzgados después de muertos. El juez debe también estar desnudo y muerto, contemplando con su propia alma desnuda la propia alma desnuda de cada uno inmediatamente después de muerto, privado de todos sus parientes, habiendo dejado en la tierra todo aquel adorno, para que el juicio sea justo. Así pues, yo, dándome cuenta antes que vosotros de estas cosas, nombré jueces a mis hijos, dos de Asia, Minos y Radamantis[264], y uno de Europa, Éaco[265]. Éstos, por tanto, después de morir, juzgarán en la pradera, en la encrucijada desde la que parten los dos caminos, el uno hacia las Islas de los Bienaventurados y el otro hacia el Tártaro. Y de este modo a los de Asia Dlos juzgará Radamantis y a los de Europa Éaco; a Minos encargaré la misión de dar la sentencia definitiva, en el caso de que los otros dos tengan alguna duda, para que el juicio acerca del camino que han de tomar los hombres sea el más justo posible’. Esto es, Calicles, lo que yo he oído y creo que es verdad; y de estas palabras yo concluyo, al reflexionar sobre ellas, lo siguiente: la muerte, según yo lo veo, resulta que no es sino la separación de dos cosas, el alma y el cuerpo, entre sí».


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