El cuervo y otros poemas
El cuervo y otros poemas ¡Alegre río! Tu cristalino fulgor,
tu curso límpido, tu agua errante,
son un emblema invocador
de la belleza: el corazón abierto,
el juguetón serpenteo del arte
en la hija del viejo Alberto.
Mas cuando ella en ti se mira y, de repente,
tus aguas se iluminan y estremecen,
entonces, ay, el más bello torrente
y su humilde devoto se parecen;
pues ambos llevan su imagen andada,
uno en el cauce, otro en el corazón…
En ese corazón que su mirada
intensa, honda, enciende de emoción.
