El cuervo y otros poemas
El cuervo y otros poemas ¡Ved a la muerte entronizada
en una ciudad extraña y desolada
que yace en lo más hondo del oeste yermo,
donde lo mejor y lo peor, lo bueno y lo enfermo
duermen ya su sueño eterno!
Los templos, los palacios y las torres, allí
(¡firmes pese al trabajo del tiempo!)
en nada se parecen a los de aquí.
En derredor, olvidadas por los vientos
sumergidas bajo el cielo, resignadas,
moran melancólicas las aguas.
Ni un solo haz del firmamento llega
a la ciudad adormecida y ciega;
mas una rara luz que el propio mar destila
remonta en silencio las torres tranquilas
y a su albur los pináculos rutilan;
remonta cúpulas, agujas, regios salones,
babilónicos muros y panteones,
pérgolas sombrías y olvidadas
con hiedras y flores en piedra talladas,
remonta maravillosos santuarios
en cuyos densos frisos estrafalarios
se trenzan lilas, violáceos y morados varios.
Sumidas bajo el cielo, resignadas,
moran melancólicas las aguas.
Torres y sombras, fundidas por igual,
