El cuervo y otros poemas
El cuervo y otros poemas que las sombran por el suelo y por los muros
¡van y vienen cual lémures oscuros!
Oh amada, ¿no existe miedo en ti?
¿En qué y por qué sueñas aquí?
¡Sin duda vienes de otros confines
para el asombro de estes jardines!
¡Qué extraños son tus vestidos, el doblez
de tu trenza larga, tu lividez
y, sobre todo, esa solemne placidez!
La dama duerme. ¡Sea su letargo
tan profundo como largo!
¡Que el cielo la acoja en su santuario!
Pues cambió su aposento por otro divino
y su lecho por otro más mortecino.
¡Ruego a Dios que vele por su alma
para que pueda yacer en calma,
ajena al deambular de los fantasmas!
Mí amor duerme. ¡Sea su letargo
tan profundo como largo,
y sea compasivo con ella el gusano!
Que en pleno bosque se levante, adusto,
un gran panteón fosco y vetusto,
un panteón que antaño desplegaba
sus cancelas negras, córvidas alas,
dominando triunfal los palios crestados
de los fastos fúnebres de sus antepasados.
Un sepulcro solitario y silencioso