El cuervo y otros poemas
El cuervo y otros poemas En una noche de junio
bajo el místico plenilunio
me paro. La luna desprende un halo
de opio, un vapor vago.
Goteando, en las cimas quietas
deja su rastro y se adentra,
soñolienta y musical,
en el valle universal.
Sobre la tumba el romero aflora,
la lila se dobla sobre la ola.
Abrazadas a la neblina
buscan reposo las ruinas.
Igual que el Leteo, ¡mirad!,
el lago parece querer soñar
y no despertar jamás.
¡Allí, donde toda belleza duerme
junto a su sino yace Irene!
Esa ventana, oh dama luminosa,
abierta a la noche, ¿no es peligrosa?
Desde las copas, la brisa traviesa
las rejas de hierro, riendo, atraviesa;
la brisa incorpórea, bruja ligera
por tus aposentos se pasea,
y tan temiblemente se empecina
en mover el dosel de la cortina
sobre el orlado borde donde
tu alma adormecida se esconde
