El cuervo y otros poemas
El cuervo y otros poemas Por la mañana, en el ocaso, a mediodía,
¡tú escuchaste mi himno, María!
En la dicha o la tristeza, la salud o el dolor,
¡no me abandones, madre de Dios!
Cuando, felices, las horas volaban
y ni una nube el cielo enturbiaba,
mi alma, guiada por tu gracia, pudo
vislumbrar la senda hacia ti y los tuyos;
ahora que el destino inclemente
nubla mi pasado y mi presente,
¡llena de dulce luz mi porvenir
con la promesa de los tuyos y de ti!