El escarabajo de oro
El escarabajo de oro —Deja pasar por él el escarabajo, tan lejos como pueda llegar la cuerda; pero ten cuidado de no soltar la punta de la cuerda.
—Ya está hecho todo, massa Will; era cosa fácil hacer pasar el escarabajo por el agujero… MÃrelo cómo baja.
Durante este coloquio, no podÃa verse ni la menor parte de Júpiter; pero el insecto que él dejaba caer aparecÃa ahora visible al extremo de la cuerda y brillaba, como una bola de oro bruñido a los últimos rayos del sol poniente, algunos de los cuales iluminaban todavÃa un poco la eminencia sobre la que estábamos colocados. El escarabajo, al descender, sobresalÃa visiblemente de las ramas, y si el negro le hubiese soltado, habrÃa caÃdo a nuestros pies. Legrand cogió en seguida la guadaña y despejó un espacio circular, de tres o cuatro yardas de diámetro, justo debajo del insecto. Una vez hecho esto, ordenó a Júpiter que soltase la cuerda y que bajase del árbol.