El escarabajo de oro
El escarabajo de oro —Casi, pero no del todo—dijo Legrand—. Debe usted de haber oĂdo hablar de un tal capitán Kidd. ConsiderĂ© en seguida la figura de ese animal como una especie de firma logogrĂfica o jeroglĂfica. Digo firma porque el sitio que ocupaba sobre el pergamino sugerĂa esa idea. La calavera, en la esquina diagonal opuesta, tenĂa asĂ el aspecto de un sello, de una estampilla. Pero me hallĂ© dolorosamente desconcertado ante la ausencia de todo lo demás del cuerpo de mi imaginado documento, del texto de mi contexto.
—Supongo que esperaba usted encontrar una carta entre el sello y la firma.