El pozo y el péndulo
El pozo y el péndulo Me habÃa equivocado mucho con respecto a sus dimensiones. Las paredes no podÃan tener más de veinticinco yardas de circunferencia. Durante unos minutos, ese descubrimiento me turbó grandemente, turbación en verdad pueril, ya que, dadas las terribles circunstancias que me rodeaban, ¿qué cosa menos importante podÃa encontrar que las dimensiones de mi calabozo? Pero mi alma ponÃa un interés extraño en las cosas nimias, y tenazmente me dediqué a darme cuenta del error que habÃa cometido al tomar las medidas a aquel recinto. Por último se me apareció como un relámpago la luz de la verdad. En mi primera exploración habÃa contado cincuenta y dos pasos hasta el momento de caer. En ese instante debÃa encontrarme a uno o dos pasos del trozo de tela. Realmente, habÃa efectuado casi el circuito de la cueva. Entonces me dormÃ, y al despertarme, necesariamente debà de volver sobre mis pasos, creando asà un circuito casi doble del real. La confusión de mi cerebro me impidió darme cuenta de que habÃa empezado la vuelta con la pared a mi izquierda y que la terminaba teniéndola a la derecha.