El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma
El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma —TenÃamos también a un ignorante —dijo— que se tomaba por una rana, a la cual por cierto no dejaba de parecerse bastante. Me hubiera gustado que le viese usted, señor —agregó, dirigiéndose a m×, pues le habrÃa encantado la naturalidad con que actuaba. Si aquel hombre no era una rana, sólo puedo agregar que lo lamento mucho. Su croar, en esta forma… O-o-o-ogh… O-o-o-o-ogh… era la nota más bella del mundo… ¡un si bemol! Y cuando ponÃa los codos en la mesa asÃ… después de haber bebido un vaso o dos de vino… y abrÃa la boca, asÃ… y revolvÃa los ojos en esta forma… y los guiñaba con extraordinaria rapidez… pues bien, señor mÃo, puedo asegurarle que hubiera caÃdo en el colmo de la admiración frente al genio de aquel hombre.
—No tengo la menor duda —dije.
—Y también tenÃamos a Petit Gaillard —dijo otro—, que se creÃa un polvo de rapé, y estaba afligidÃsimo porque no podÃa tomarse a sà mismo entre el pulgar y el Ãndice.
—Y también a Jules Desoulières, que habÃa sido un genio muy notable y, al enloquecer, creyó que era una calabaza. PerseguÃa de continuo al cocinero, pidiéndole que lo utilizara para hacer un pastel, a lo cual el cocinero se negaba indignado. Por mi parte no dejo de pensar que un pastel de calabaza à la Desouliè hubiera sido excelente.