El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma
El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma —Y no olvidemos —dijo el que lo habÃa interrumpido— a Boullard, la perinola. Le llamo la perinola porque le habÃa entrado la manÃa muy singular, aunque no por completo irrazonable, de que se habÃa convertido en perinola. Se hubiera usted muerto de risa viéndolo dar vueltas. Era capaz de pasarse horas girando sobre un talón, asÃ… y…
Pero entonces, el amigo a quien el orador habÃa interrumpido poco antes hizo lo mismo con él.
—¡Pues bien —gritó una anciana señora con todas sus fuerzas—, su Monsieur Boullard era un loco, y un loco muy tonto, por lo que veo! PermÃtame preguntarle: ¿quién ha oÃdo hablar jamás de una perinola humana? ¡Qué absurdo! Madame Joyeuse era mucho más sensata, como todos saben. TenÃa una manÃa, pero llena de buen sentido y que proporcionaba gran placer a todos los que se honraban en conocerla. Después de maduras reflexiones llegó a la conclusión de que a causa de algún accidente se habÃa convertido en gallo. Pero en su calidad de tal se conducÃa muy correctamente. BatÃa las alas de una manera prodigiosa, asÃ… asÃ… asÃ… y asÃ… y en cuanto a su cacareo, era delicioso. ¡Co, corocó! ¡Co… corocó! ¡Co… corocóooo!
—¡Madame Joyeuse, le ruego que se reporte! —le interrumpió muy encolerizado nuestro anfitrión—. ¡O se conduce usted como una dama… o abandona inmediatamente la mesa! ¡Elija!