El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma
El Sistema del doctor Alquitrán y el profesor Pluma Cuando nos despedÃamos se me ocurrió que podÃa surgir alguna dificultad para mi admisión en el establecimiento, y asà se lo dije a mi amigo. Contestó que, a menos que yo conociera personalmente al director, Monsieur Maillard, o le presentara alguna credencial por escrito, serÃa difÃcil que me dejasen pasar, pues los reglamentos de dichos manicomios privados eran mucho más rÃgidos que los de los hospitales públicos. Pero como él habÃa conocido años atrás a Maillard, tendrÃa el placer de acompañarme hasta la puerta y presentarme, aunque sus sentimientos con respecto a la locura no le permitirÃan penetrar en la casa.
Le di las gracias y, luego de abandonar el camino real, tomamos un sendero cubierto de pasto que, media hora más tarde, nos llevó a una densa floresta situada al pie de una montaña. Cabalgamos casi dos millas por ese húmedo y lúgubre bosque, hasta divisar la Maison de Santé. Era un fantástico castillo, muy deteriorado, que, a juzgar por su edad y el descuido en que se hallaba, debÃa ser apenas habitable. Su apariencia me llenó de espanto y, conteniendo el caballo, estuve a punto de volverme. Pero pronto me avergoncé de mi debilidad y seguimos adelante.