Eureka
Eureka Con la imaginación llena de distancias cósmicas, aprovechemos la ocasión para referirnos a la dificultad que tantas veces hemos experimentado mientras recorrÃamos el trillado camino de la reflexión astronómica, de explicar los inconmensurables vacÃos a los cuales nos hemos referido, de comprender por qué esos abismos tan absolutamente desocupados y en consecuencia tan innecesarios, aparentemente, se han producido entre estrella y estrella, entre grupo y grupo; de entender, en una palabra, una razón suficiente de la escala titánica, respecto al espacio, en la cual parece haber sido construido el universo. Sostengo que la astronomÃa no ha sabido evidentemente dar una causa racional del fenómeno; pero las consideraciones que en este ensayo hemos seguido paso a paso nos permiten percibir de un modo claro e inmediato que el espacio y la duración son una sola cosa. Para que el universo pudiera durar una era proporcionada al tamaño de sus partes materiales componentes y a la elevada majestad de sus propósitos espirituales, fue necesario que la difusión atómica original se hiciera en una extensión inconcebible, aunque no infinita. Se requerÃa, en una palabra, que las estrellas se condensaran hasta adquirir visibilidad a partir de la nebulosidad invisible, que pasaran de la nebulosidad a la consolidación y envejecieran dando nacimiento y muerte a variaciones indeciblemente numerosas y complejas del desarrollo vital; se requerÃa que las estrellas hicieran todo esto, tuvieran todo el tiempo necesario para cumplir estos propósitos divinos, durante el perÃodo en el cual todas las cosas realizaban el retorno, a la unidad a una velocidad creciente en proporción inversa a los cuadrados de las distancias al cabo de las cuales se encuentra el fin inevitable.