Eureka
Eureka Gracias a todo esto no tenemos ninguna dificultad para entender la exactitud absoluta de la adaptación divina. La densidad respectiva de las estrellas aumenta, desde luego, a medida que su condensación disminuye; la condensación y la heterogeneidad marchan al unísono; por medio de la última, que es el índice de la primera, estimamos el desarrollo de lo vital y lo espiritual. Así, la densidad de los globos nos da la medida del cumplimiento de sus propósitos. A medida que la densidad avanza, a medida que se cumplen las intenciones divinas, a medida que queda cada vez menos por cumplirse, en la misma proporción hemos de esperar una aceleración del final; y así la mente filosófica comprenderá fácilmente que los propósitos divinos que determinan la constitución de las estrellas avanzan matemáticamente hacia su cumplimiento; y más: rápidamente dará a este progreso una expresión matemática; decidirá que es inversamente proporcional a los cuadrados de las distancias, en todas las cosas creadas, entre el punto de partida y la meta de su creación.