Eureka
Eureka «¿Sabe usted, mi querido amigo —dice el autor dirigiéndose sin duda a un contemporáneo—, sabe usted que hace apenas ochocientos o novecientos años los metafÃsicos consintieron en liberar a las gentes de la singular fantasÃa de que sólo existen dos caminos transitables hacia la Verdad? ¡Créalo si puede! Parece, sin embargo, que hace mucho, mucho tiempo, en la noche de los siglos, vivió un filósofo turco llamado Aries y apodado Tottle» (aquà el autor alude posiblemente a Aristóteles; los mejores nombres se corrompen lamentablemente al cabo de dos o tres mil años). «La fama de este gran hombre se fundaba principalmente en su demostración de que el estornudo es una previsión natural por medio de la cual los pensadores demasiado profundos pueden expeler por la nariz las ideas superfluas; pero ganó una celebridad casi tan grande como fundador, o por lo menos principal propagador, de lo que se llamó filosofÃa deductiva o a priori. PartÃa de lo que él consideraba axiomas o verdades evidentes por sà mismas, y el hecho bien sabido ahora de que no hay verdades evidentes por sà mismas, no afecta en el más mÃnimo grado sus especulaciones: era suficiente para su propósito que las verdades en cuestión fuesen de algún modo evidentes. De los axiomas avanzaba, lógicamente, a los resultados. Sus más ilustres discÃpulos fueron un tal Tuclides, geómetra» (quiere decir Euclides), «y un tal Kant, holandés, inventor de esa especie de trascendentalismo que, con el simple cambio de la K por una C[3], lleva ahora su nombre caracterÃstico.