Eureka
Eureka Ahora bien, mi querido amigo —continúa el autor de la carta—, no puede sostenerse que mediante el sistema que consiste en arrastrarse, adoptado con exclusividad, hubieran llegado los hombres al máximo de verdad, ni siquiera en una larga serie de edades pues la represión de la imaginación es un mal que ni siquiera compensarÃa la absoluta certeza de la marcha del caracol. Pero la certeza de nuestros progenitores estaba muy lejos de ser absoluta. Su error era análogo al del falso sabio que cree ver necesariamente con más claridad un objeto cuanto más cerca lo tiene de los ojos. Ellos también se enceguecieron con el impalpable, titilante rapé del detalle; y asà los ponderados hechos de los Hogistas, en modo alguno eran siempre hechos, punto de poca importancia si no fuera que siempre los afirmaban como tales. La falla vital del Laconismo, sin embargo, su más lamentable fuente de error, se halla en la tendencia a dejar el poder y la consideración en manos de hombres meramente perceptivos, de esos minúsculos parásitos, los sabios microscópicos, buscadores y buhoneros de hechos menudos, tomados en su mayor parte de la ciencia fÃsica, hechos que venden al mismo precio en los caminos, pues su valor depende, se supone, simplemente del hecho de su hecho, sin referencia a su aplicabilidad o inaplicabilidad en el desarrollo de aquellos hechos últimos, los únicos legÃtimos, llamados Ley.