Eureka
Eureka Jamás existió sobre la faz de la tierra —continúa diciendo la carta— un hato más intolerante, más intolerable de fanáticos y tiranos que esos individuos súbitamente elevados por la filosofÃa Hogiana a una situación para la cual no habÃan nacido, conducidos de las cocinas a los salones de la ciencia, de sus despensas a sus púlpitos. Su credo, su texto y su sermón eran la única palabra ‘hecho’, pero en su mayor parte ni siquiera conocÃan el significado de esta palabra. Hacia aquellos que se atrevÃan a perturbar sus hechos con el propósito de darles un orden y un uso, los discÃpulos de Hog se mostraban implacables. Todos los intentos de generalización eran acogidos de inmediato con los epÃtetos ‘teórico’, ‘teorÃa’, ‘teorizador’; todo pensamiento, en suma, era considerado como una afrenta personal. Cultivando las ciencias naturales con exclusión de la metafÃsica, las matemáticas y la lógica, muchos de estos filósofos, de estos engendros baconianos, monomaniacos, unilaterales, cojeantes, eran de una impotencia más lamentable, de una ignorancia más triste con respecto a todos los objetos posibles de conocimiento, que el más ignaro de los iletrados, quien prueba saber algo, por lo menos, admitiendo que no sabe absolutamente nada.