Eureka
Eureka Le aseguro categóricamente» (continúa la epÃstola) «que le expongo estas cuestiones con imparcialidad; y le será fácil entender cuántas restricciones realmente absurdas debieron de retardar en aquellos dÃas el progreso de la verdadera ciencia, la cual realiza sus más importantes avances —como lo muestra toda la Historia— por saltos aparentemente intuitivos. Estas antiguas ideas redujeron a la investigación a arrastrarse; y no necesito insinuarle que el arrastrarse, entre los varios medios de locomoción, tiene mucha importancia en sà mismo; pero porque la tortuga esté segura sobre sus pies, ¿debemos cortar las alas a las águilas? Durante muchos siglos fue tan grande la infatuación, en especial con Hog, que hubo una interrupción virtual de todo pensamiento digno de este nombre. Nadie osaba proclamar una verdad que debÃa únicamente a su alma. Poco importaba que la verdad fuese demostrable como tal, pues los filósofos dogmatizantes de la época sólo tenÃan en cuenta el camino por el cual se confesaba haberlas alcanzado. El fin, para ellos, era un punto sin importancia, un punto cualquiera. ‘¡Los medios!’ —vociferaban—. ¡Veamos los medios!’; y si escudriñando los medios se veÃa que no entraban ni bajo la categorÃa Hog ni bajo la categorÃa Aries (que significa carnero), pues entonces los sabios no seguÃan adelante, sino que, tratando al pensador de loco y motejándolo de ‘teórico’, en lo sucesivo se negaban a tener trato con él o con sus verdades.