Eureka
Eureka Pero, aun mediante las pruebas que presentaban contra sí mismos, es fácil convencer a estos razonadores a priori de la crasa sinrazón, es fácil mostrar la futilidad, la inconsistencia de sus axiomas en general. Tengo ahora ante mis ojos —obsérvese que seguimos con la carta—, tengo ante mis ojos un libro impreso hace unos mil años. Me aseguran que es decididamente la obra antigua más aguda sobre este tópico: la Lógica. El autor, muy estimado en su tiempo, era un tal Miller o Mill[5], y se dice, como dato de cierta importancia, que cabalgaba un caballo de tahona al cual llamó ‘Jeremy Bentham’; pero echemos una ojeada al volumen mismo.