Eureka
Eureka El modo más rápido, sin embargo, de mostrar la falacia del argumento filosófico en cuestión es señalando simplemente un hecho a él referente que ha sido hasta hoy completamente descuidado: el hecho de que el argumento alude al mismo tiempo a las pruebas y refutaciones de su propia proposición. «La inteligencia —dicen los teólogos y los otros— se ve impelida a admitir una primera causa por la dificultad mayor que experimenta para concebir una serie infinita de causas». La argucia, como antes, se encuentra en la palabra «dificultad», pero aquí se la emplea para sostener ¿qué? Una primera causa. ¿Y qué es esta primera causa? Un término de causas. ¿Y qué es un término de causas? La finitud, lo finito. Así, en los dos casos, es empleada la misma argucia, Dios sabe por cuántos filósofos, para sostener ya lo finito, ya lo infinito. ¿No podrían ser utilizadas para sostener alguna otra cosa? En cuanto a las argucias, son, por no decir más, insoportables. Pero para descartarlas: lo que prueban en un caso es la misma nada que demuestran en el otro.
Evidentemente, nadie supondrá que lucho aquí por sostener la absoluta imposibilidad de eso que intentamos expresar con la palabra «infinito». Mi propósito no es sino mostrar la locura de intentar una prueba de lo infinito mismo, o aun de nuestra concepción de lo infinito, con cualquiera de los desatinados razonamientos que se emplean habitualmente.