Eureka
Eureka Suponer la absoluta unidad de la partÃcula primordial implica suponer su infinita divisibilidad. Imaginemos, pues, que la partÃcula no se agota absolutamente en su difusión en el espacio. Supongamos que de la partÃcula como centro se irradian esféricamente —en todas direcciones—, hasta distancias inconmensurables pero definidas, en el espacio antes vacÃo, cierto número inmenso, si bien limitado, de una pequeñez imaginable pero no infinita.