Eureka
Eureka La ya insana incomunicación de Poe con el mundo inmediato, la «locura» inminente que lo precipitarÃa a la muerte, pueden registrarse de manera dramática en las circunstancias exteriores a la composición de Eureka, e indirectamente en la obra en sÃ, en la medida en que su sagacidad y lucidez intelectual funcionan en el vacÃo, orgullosamente seguras de descubrir por sà solas las verdades últimas, con un mÃnimo de datos fÃsicos y corroboraciones cientÃficas. Su actitud al terminar la obra es la de un desequilibrado, como lo prueba su convicción de haber escrito un libro revolucionario, superior a todas las conjeturas cosmogónicas pasadas y presentes, y la triste crónica de su entrevista con el editor Putnam. Poe se presentó con aire nervioso, declarando que lo traÃa una cuestión de la más alta importancia. «Sentándose frente a mi escritorio, y luego de mirarme durante un minuto con sus brillantes ojos, dijo por fin: ‘Soy Mr. Poe.’ Como es natural, me sentà todo oÃdos y sinceramente interesado por el autor de El cuervo y El escarabajo de oro. ‘No sé realmente cómo empezar —dijo el poeta tras una pausa—. Se trata de una cuestión importantÃsima.’ Luego de otra pausa y temblando de excitación, empezó a decirme que la publicación que venÃa a proponer era de un interés fundamental. El descubrimiento de la gravitación por Newton resultaba una mera fruslerÃa comparado con los descubrimientos revelados en su libro. ProvocarÃa inmediatamente un interés tan universal e intenso, que el editor harÃa bien en abandonar todos sus restantes intereses y hacer de la obra el negocio de su vida. BastarÃa para empezar una edición de cincuenta mil ejemplares, pero serÃa apenas suficiente. Ningún acontecimiento cientÃfico de la historia mundial se acercaba en importancia a las consecuencias que tendrÃa la obra. Y todo esto y mucho más lo decÃa, no irónicamente o bromeando, sino con intensa seriedad, pues clavaba en mà sus ojos como el Viejo Marinero… Por fin nos aventuramos a editar el libro, pero en vez de cincuenta mil tiramos quinientos ejemplares…».