Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym El barco a la vista era un bergantín de dos palos y velas delanteras cuadradas, pero con velamen de goleta en la parte de popa; veíase que era de construcción holandesa y estaba pintado de negro, con un mascarón de proa brillantemente dorado. Por lo visto acababa de enfrentar muy mal tiempo, y supusimos que había sufrido los efectos de la misma galerna que tan desastrosa nos había resultado, pues había perdido el trinquete, así como parte de las amuras de estribor. Al verlo por primera vez se hallaba a unas dos millas a barlovento y rumbeaba hacia nosotros. El viento era sumamente suave, y lo que nos asombró, sobre todo, fue advertir que no llevaba más velas izadas que el trinquete y la vela mayor, con un foque volante; como es natural avanzaba lentamente, y nuestra impaciencia se convertía por momentos en frenesí. Pero, aun excitados como estábamos, no dejamos de reparar en lo torpe de su marcha. Daba guiñadas tan abiertas que una o dos veces pensamos que no nos habían visto o bien que, convencidos de que no había nadie a bordo, se preparaban a cambiar de rumbo y seguir en otra dirección. En cada una de estas ocasiones gritamos y clamamos a voz en cuello, hasta que el bergantín parecía cambiar de intenciones y rumbear otra vez hacia nosotros; pero esta singular conducta se repitió dos o tres veces, al punto que terminamos por convencernos, como única explicación posible, de que el timonel se hallaba bajo los efectos del alcohol.