Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Pasamos el resto del dÃa sumidos en una especie de atolondrado letargo, mirando el barco que se alejaba hasta que la oscuridad, ocultándolo a nuestra vista, nos hizo recobrar un tanto los sentidos. Los dolores del hambre y la sed volvieron con más fuerza, absorbiendo por completo los restantes cuidados y consideraciones. Pero nada podÃa hacerse hasta la mañana siguiente, y asÃ, asegurándonos lo mejor posible, tratamos de descansar. En esto fui más afortunado de lo que esperaba y dormà hasta que mis compañeros, que no habÃan podido descansar tanto, me despertaron al alba a fin de renovar las tentativas para obtener provisiones del interior del casco.
TenÃamos ahora calma chicha y el mar era el más calmo que jamás haya visto; la temperatura seguÃa siendo cálida y agradable. El bergantÃn habÃa desaparecido en el horizonte. Iniciamos nuestras operaciones desprendiendo con no poco trabajo otro de los soportaobenques. Luego de asegurarlos a los pies de Peters, éste se zambulló para alcanzar la puerta del pañol de vÃveres con la idea de que, si llegaba rápidamente hasta ella, quizá le serÃa posible forzarla; afortunadamente, el casco se habÃa estabilizado bastante.
