Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Viendo que no me era posible conmoverlo con palabras amables, cambié de actitud y le hice notar que yo era el que había sufrido menos por todas nuestras calamidades; mi salud y mis fuerzas eran en aquel instante muy superiores a las suyas, o a las de Peters y Augustus; en suma, que me hallaba en condiciones de imponerme por la fuerza si era necesario, y que si insistía en informar a los otros de sus sangrientas intenciones de caníbal no vacilaría en echarlo por la borda.
Al oír estas palabras, Parker me aferró por la garganta y, sacando un cuchillo, se esforzó infructuosamente por darme de puñaladas en el estómago, crimen que sólo su excesiva debilidad le impidió llevar a cabo. Lleno de cólera, lo arrastré hacia la borda con la deliberada intención de tirarlo al mar. Lo salvó la intervención de Peters, quien, aproximándose y separándonos, preguntó la razón de nuestra querella. Parker se la dijo antes de que encontrara la manera de impedírselo.