Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Parker escuchó todo lo que le dije sin pretender discutir ninguna de mis palabras, y por un momento abrigué la esperanza de que conseguiría disuadirlo. Pero cuando hube callado, me contestó que sabía muy bien lo que había de cierto en mis consideraciones, y que acudir a semejante recurso era la alternativa más horrorosa que podía pasar por la mente de un ser humano; agregó que ya había sufrido hasta donde su naturaleza le permitía; que era absurdo que todos pereciéramos, cuando la muerte de uno haría posible y hasta probable que el resto lograra finalmente salvarse; agregó que bien podía haberme ahorrado el trabajo de pretender disuadirlo, pues había llegado a una firme resolución aun antes de que apareciera el bergantín, y que sólo el paso del barco le había impedido expresar su proposición con anterioridad.
Le pedí entonces que, si no era posible convencerlo de que abandonara su proyecto, por lo menos lo aplazara hasta otro día, pues entretanto podíamos avistar algún barco que viniera en nuestro socorro; todo esto mientras le repetía los argumentos que se me presentaban y que podían influir en alguien de naturaleza tan ruda. Me contestó que no había hablado hasta último momento, que no podía seguir viviendo sin alimento de alguna especie, y que, por tanto, un solo día que pasara sería demasiado tarde, por lo menos en lo que a él concernía.