Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Como en los últimos dos o tres días el tiempo había seguido seco y bonancible, las ropas de cama que sacamos de la cámara y nuestras propias ropas estaban completamente secas, por lo cual pasamos la noche (del día 23) con relativa comodidad y gozando de un tranquilo reposo después de haber comido copiosamente jamón y aceitunas, junto con una pequeña cantidad de vino. Temerosos de perder alguna de nuestras provisiones durante la noche si se levantaba viento, las aseguramos lo mejor posible atándolas a los restos del cabrestante. En cuanto a nuestra tortuga, como queríamos conservarla viva lo más posible, la pusimos boca arriba y la atamos cuidadosamente.