Narracion de Arthur Gordon Pym

Narracion de Arthur Gordon Pym

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

25 de julio.— Por la mañana la galerna disminuyó hasta convertirse en un viento de diez nudos y el mar se calmó lo bastante para permitir que nos secáramos en el puente. Con gran desesperación descubrimos que dos frascos de aceitunas y el jamón habían sido arrebatados por el mar pese a lo mucho que los habíamos asegurado. Decidimos, sin embargo, no matar todavía la tortuga y nos contentamos, por el momento, con un desayuno compuesto de unas pocas aceitunas y una ración de agua y vino, mezclados por partes iguales; en esta forma la bebida nos proporcionó gran alivio y vigor, sin los terribles efectos que el oporto había producido la primera vez. El mar estaba aún demasiado picado para renovar nuestras tentativas en el pañol de víveres. Diversos objetos, de ninguna utilidad en nuestras actuales circunstancias, flotaban en la abertura, pero no tardaban en ser arrastrados al mar. Observamos asimismo que el casco escoraba más que nunca, al punto que ya no podíamos mantenernos en el puente sin el auxilio de las ataduras. A causa de esto pasamos un día tan penoso como triste. A mediodía el sol estaba casi vertical y no dudamos de que la larga sucesión de vientos del norte y noroeste nos había arrastrado a las vecindades del Ecuador. Hacia el atardecer vimos varios enormes tiburones y nos alarmó un tanto la audaz manera con que uno de ellos, de enorme tamaño, se acercaba a nosotros. En un momento dado, un golpe de mar sumergió completamente la cubierta y el monstruo pasó sobre nosotros, dando vueltas encima de la escotilla de la cámara, y llegó a golpear violentamente a Peters con un coletazo. Por fin otra ola se lo llevó por la borda para nuestro gran alivio. Si el tiempo hubiera estado más sereno hubiésemos podido capturarlo con facilidad.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker