Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym 26 de julio.— El viento amainó mucho y, como el mar no estaba tan grueso, decidimos renovar nuestros esfuerzos en el pañol de víveres. Después de trabajar duramente todo el día descubrimos que nada podíamos esperar ya por ese lado, pues los tabiques del pañol se habían desfondado durante la noche y todas las provisiones habían caído a la bodega. Bien puede suponerse la desesperación que nos produjo este descubrimiento.
27 de julio.— El mar estaba tranquilo y soplaba una ligera brisa, siempre del norte y noroeste. Como el sol asomara con toda su fuerza por la tarde, aprovechamos para secamos la ropa. Hallamos gran alivio para la sed y el cansancio bañándonos en el mar. Pero tuvimos que proceder con mucha precaución a causa de los tiburones, varios de los cuales no cesaron de dar vueltas en torno del casco.
28 de julio.— Continuaba el buen tiempo. El bergantín comenzó a escorar tan pronunciadamente que llegamos a temer que se diera vuelta del todo. Nos preparamos lo mejor posible para esta emergencia, atando nuestra tortuga, el cántaro de agua y los dos frascos de aceitunas que nos quedaban lo más a babor posible, colocándolos por fuera del casco, debajo de los obenques mayores. El mar siguió tranquilo todo el día y casi no soplaba viento.