Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Mi principal fuente de terror la constituían ahora los tiburones, pues bien sabía que no andaban lejos. A fin de impedirles en lo posible que se me acercaran, agité vigorosamente el agua con manos y pies mientras nadaba en dirección al casco, levantando así cantidad de espuma. Estoy convencido que, gracias a este simple expediente, logré salvarme, pues el mar que rodeaba al bergantín en momentos en que se dio vuelta estaba tan lleno de aquellos monstruos que, sin duda, muchos me pasaron al lado mientras avanzaba hacia el barco. Pero la suerte me ayudó y llegué, por fin, a la quilla, aunque tan agotado por el violento esfuerzo que jamás habría logrado encaramarme de no mediar la oportuna ayuda de Peters, quien, para mi gran alegría, apareció en lo alto (pues acababa de trepar a la quilla desde el otro lado) y me tiró una de las sogas que habíamos asegurado a los pernos.