Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Habiendo asà escapado por tan poco a este peligro, encaramos de inmediato la terrible inminencia de otro: la muerte por hambre. A pesar del cuidado con que lo habÃamos asegurado, todo el lote de nuestras provisiones se habÃa perdido en el mar; entonces, al no ver ya la más remota probabilidad de obtener alimento, ambos nos entregamos a la desesperación, llorando a gritos como niños, y sin que ninguno hiciera nada por consolar al otro. DifÃcil será concebir semejante flaqueza, y sin duda parecerá anormal a aquellos que jamás se han visto en situaciones semejantes; pero preciso es recordar que nuestra inteligencia estaba de tal manera trastornada por la larga serie de privaciones y terrores a que habÃamos sido sometidos que en aquel momento no podÃamos considerarnos ya como seres racionales. Frente a peligros posteriores, casi tan grandes como el presente, soporté con entereza todos los males de mi situación, y Peters, como se verá, demostró un estoicismo casi tan increÃble como su estupidez y abandono de ahora; nuestras condiciones mentales eran la causa de esa diferencia.