Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Dirk Peters, un marinero llamado Wilson Allen y yo nos hallábamos a la derecha de nuestros compañeros y avanzábamos mirando con atención las extrañas estratificaciones del precipicio que nos dominaba. Una fisura en aquella blanca roca nos llamó la atención. Era lo bastante ancha para dejar paso a una persona, y penetraba en la colina unos dieciocho o veinte pies en línea recta, girando luego hacia la izquierda. La altura del pasaje, según alcanzábamos a ver desde la garganta principal, era de unos sesenta o setenta pies. Había uno o dos arbustos achaparrados que crecían por la parte interior de la fisura, y como vi que tenían una especie de avellanas, penetré rápidamente en la entrada, recogí en un instante cinco o seis frutos y me apresuré a retroceder. Al darme vuelta descubrí que Peters y Allen me habían seguido. Les pedí que volvieran, pues no había lugar para que pasaran dos personas, agregando que compartiríamos las avellanas. Se volvieron entonces, y regresaban hacia la abertura, con Allen ya en la boca de la misma, cuando sentí un choque que no se parecía a nada de lo que hubiera experimentado jamás, y que me dio una vaga idea, si realmente pensé en alguna cosa, de que los fundamentos del globo terrestre acababan de quebrarse y que había llegado el día de la disolución general.