Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Nuestro pensamiento inmediato fue intentar abrirnos paso hasta el barco, apoderándonos a tal fin de una de las cuatro canoas que se hallaban en la bahÃa. Pero no tardamos en reconocer la absoluta imposibilidad de esta tentativa. Como ya he dicho, todo el territorio estaba lleno de salvajes que se deslizaban por entre los matorrales y las anfractuosidades de las colinas, a fin de no ser observados desde la goleta. En nuestra vecindad inmediata, especialmente, bloqueando el único sendero por el cual podÃamos esperar salir a la costa en el punto adecuado, habÃase apostado el grupo de los guerreros vestidos de pieles negras, con Too-wit a la cabeza, los cuales sólo parecÃan aguardar algunos refuerzos antes de lanzarse al asedio de la Jane Guy. Por lo demás, en las canoas atracadas en la costa habÃa también enemigos, cierto que desarmados, pero sin duda con armas a su alcance. Llenos de dolor nos vimos precisados a quedamos en nuestro refugio, como meros espectadores de la lucha que no iba a tardar en desarrollarse.