Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Viendo esto, los nativos de las balsas dominaron sus temores y acudieron en enjambre a participar del pillaje. Pocos minutos después la Jane Guy ofrecía un lamentable espectáculo de tumulto y destrucción. Los puentes fueron destrozados y abiertos; la arboladura, las velas y todo lo que podía arrancarse quedó destruido como por arte de magia; luego, empujándola por la proa, remolcándola con las canoas y tirando de los lados, pues nadaban a miles alrededor del barco, los miserables acabaron por encallarla en la playa, después de soltar el cable del ancla, y la ofrecieron así a la voluntad de Too-wit, quien durante todo el curso de la lucha había conservado, como prudente general, sus cuarteles entre las colinas, pero que ahora, consumada la victoria a su entera satisfacción, condescendía a presentarse al frente de sus guerreros vestidos de pieles negras y a compartir el botín.