Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Mientras duró la carne del pájaro nuestra situación no fue penosa, pero una vez que la hubimos terminado se hizo absolutamente necesario reaprovisionarnos. Las avellanas no bastaban para satisfacer el hambre, pues nos producían grandes cólicos, y si comíamos demasiado, fuertes dolores de cabeza. Habíamos observado varias enormes tortugas cerca de la playa, al este de la colina, y notamos que sería muy fácil capturarlas siempre que pudiéramos llegar hasta ellas sin ser descubiertos por los nativos. Decidimos, pues, intentar el descenso.
Empezamos por ir hasta la ladera del sur, que parecía ofrecer menos dificultades; pero apenas habíamos adelantado unas 100 yardas cuando nuestra marcha —como lo habíamos previsto por algunas señales en la cumbre— se vio detenida a causa de un ramal de la garganta en la cual habían perecido nuestros compañeros. Costeamos el borde de la misma durante un cuarto de milla, hasta vernos nuevamente detenidos por un precipicio de enorme profundidad. Como no podíamos seguir avanzando por el borde del abismo, nos vimos precisados a desandar camino por la hondonada principal.