Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Durante varios dÃas nos ocupamos de explorar cada porción de la cumbre de la colina, a fin de asegurarnos de los recursos que contenÃa. Descubrimos que no podÃa proporcionarnos alimento, con excepción de las dañinas avellanas y una especie de codearÃa, que sólo crecÃa en una superficie de unas cuatro pérticas cuadradas y que no tardarÃa en agotarse. Si recuerdo bien, hacia el 15 de febrero ya no nos quedaba ni una hoja y las avellanas empezaban a escasear; nuestra situación, pues, era de lo más lamentable[8]. El 16 volvimos a recorrer las paredes de nuestra prisión con la esperanza de descubrir alguna vÃa de escape, pero sin ningún resultado. Bajamos, incluso, al abismo donde habÃamos quedado sepultados con la débil esperanza de descubrir, a lo largo de su pasaje, alguna comunicación con la cañada principal. También allà sufrimos una decepción, pero encontramos un mosquete que subimos con nosotros.
El 17 nos pusimos en marcha con intención de explorar más detalladamente el abismo de granito negro al cual habÃamos bajado durante nuestra primera exploración. Recordamos que sólo habÃamos avanzado un trecho en una de las fisuras laterales de dicho abismo y estábamos ansiosos por explorarla, aunque no tenÃamos esperanzas de descubrir ninguna abertura.