Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Permanecà —hasta donde pude calcular— tres dÃas y sus noches en mi escondite, sin salir de él más que dos veces a fin de estirar las piernas, manteniéndome de pie entre dos cajones situados exactamente frente a la abertura. Durante todo ese tiempo no supe nada de Augustus, pero no me inquieté mayormente, ya que el bergantÃn debÃa hacerse a la mar en cualquier momento y, con la agitación consiguiente, mi amigo no encontrarÃa muchas oportunidades de llegar hasta mÃ. Finalmente oà abrirse y cerrarse la trampa, y a Augustus que me llamaba en voz baja, preguntando si todo iba bien y si me hacÃa falta alguna cosa.
—No me hace falta nada —repuse—. Estoy muy cómodo aquà dentro. ¿Cuándo zarpa el bergantÃn?
—Antes de media hora —me contestó—. Vine a decÃrtelo, temiendo que te preocuparas por mi ausencia. No podré bajar durante un tiempo, quizá tres o cuatro dÃas. Después que haya subido y cerrado la trampa, sigue la dirección de la cuerda hasta el clavo. Allà encontrarás mi reloj; puede serte útil, ya que no puedes guiarte por la luz del dÃa para medir el tiempo. Supongo que ni siquiera sabes cuánto llevas encerrado… Tres dÃas solamente; hoy es veinte. Me gustarÃa llevarte el reloj hasta tu cajón, pero tengo miedo de que noten mi ausencia.
Y con esto cerró la trampa.