Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Mi compañero me mostró que uno de los lados del cajón podía ser retirado a voluntad. Así lo hizo, a fin de mostrarme el interior, cuyo aspecto me produjo gran regocijo. Un colchón procedente de una de las literas de los camarotes cubría por completo el fondo, y había allí todo lo que el reducido espacio permitía acumular para mi comodidad personal, dejándome al mismo tiempo lugar suficiente para estar sentado o tendido. Entre otras cosas había allí libros, pluma, tinta y papel, tres frazadas, un gran cántaro de agua, un cuñete de galletas, tres o cuatro grandes salchichones de Bolonia, un enorme jamón, una pierna de carnero asada y media docena de botellas de cordiales y licores. Procedí de inmediato a tomar posesión de mi pequeño departamento, y estoy seguro de que al hacerlo me sentía más satisfecho que cualquier monarca al entrar en un nuevo palacio. Augustus me enseñó la manera de asegurar el lado abierto del cajón, y luego, bajando la linterna hasta tocar el suelo, me mostró una delgada cuerda negra. Según me dijo, la cuerda se extendía desde mi escondrijo, siguiendo todas las vueltas y revueltas entre la carga, y terminaba en un clavo situado inmediatamente debajo de la trampa que daba a su camarote. Con su ayuda, y en caso de que alguna circunstancia inesperada lo hiciera necesario, podría encontrar fácilmente el camino. Dicho esto Augustus emprendió el retorno, dejándome la linterna y gran cantidad de bujías y cerillas, prometiendo venir a visitarme todas las veces que pudiera hacerlo sin despertar la atención. Todo esto sucedía el 17 de junio.