Narracion de Arthur Gordon Pym
Narracion de Arthur Gordon Pym Tan rápidamente se habÃan sucedido estos episodios que apenas podÃamos creer en su realidad, y estábamos mirando los cadáveres en una especie de tonto ensimismamiento, cuando oÃmos gritos a la distancia. No cabÃa duda de que los salvajes se habÃan alarmado con los disparos y que pocas posibilidades nos quedaban de pasar inadvertidos. Para volver a la colina era necesario pasar por el sitio de donde procedÃan los gritos, y aun en caso de que llegáramos a su base, no conseguirÃamos jamás trepar por la ladera sin ser vistos. Nuestra situación era sumamente peligrosa, y vacilábamos sobre el camino que tomarÃamos, cuando uno de los salvajes contra los cuales habÃa yo disparado, y que suponÃamos muerto, saltó ágilmente sobre sus pies e intentó la fuga. Nos apoderamos de él, no obstante, e Ãbamos a matarlo, cuando Peters sugirió que quizá conviniera obligarlo a que nos acompañara en nuestra tentativa de fuga. Lo arrastramos entonces con nosotros, haciéndole entender que lo matarÃamos de un tiro si ofrecÃa resistencia. Muy poco tardó en someterse por completo, y corrió al lado nuestro mientras escapábamos entre las rocas, dirigiéndonos a la costa.